En el país de los ciegos, el tuerto es rey

Artículo dedicado a todos aquellos que alguna vez ignoré, y no me atreví a fotografiar.

Hace varios meses y en medio de Coachella, H&M había anunciaba su colaboración junto a Moschino. Una serie de piezas inspiradas en los años 90, plagadas de iconografías que representaban una época caracterizada por la ruptura en la cultura popular con el posicionamiento de canales de televisión como MTV, y donde la expresión juvenil comenzaba a ser tenida en cuenta como nuevas formas hacer moda, arte y cine.

La colección, en palabras de Jeremy Scott (director creativo de Moschino) busca conectar con toda una generación juvenil, que creció bajo la influencia de las caricaturas infantiles y vivió el nacimiento de grandes estrellas del pop contemporáneo. Todo, al mejor estilo del diseñador originario de Kansas City, resumido en mucho brillo, el uso abundante de colores y una excentricidad que invita a divertirse usando cada una de las prendas.

Hasta este punto todo transcurre con normalidad. Sin embargo, pareciera que tras un episodio de amnesia colectiva, las estéticas que abundan desde hace varios años en las calles Colombianas, e incluso forman parte de toda una subcultura local, se hubiesen olvidado (o se quisieran olvidar). En la edición de Hip-Hop al parque 2016, Noisey realizó uno de los artículos fotográficos más importantes para el Street-Wear nacional, al retratar “Las pintas más elegantes” de los asistentes al evento bajo el lente de Carlos Basto ‘Spoon’. Las fotografías no pudieron ser más poderosas, enseñando mujeres con el vientre descubierto, bomber y puffer jacktes de múltiples colores, accesorios y complementos de equipos internacionales de baloncesto y un sinnúmero de playeras cartoonish. Claramente este artículo no recibió un respaldo mediático, y fue compartido en redes sociales por “significar” la posibilidad de adentrarse a explorar los atuendos vistos en el evento, sin visualizar la oportunidad de analizar los códigos de vestuario que abundan y hacen parte de una clase social tan participativa en moda como en cultura, pero que más allá, son el reflejo de una sociedad con altos indices de desigualdad.

Fotografía de Carlos Basto ‘Spoon’

¿Es acaso una propuesta estilística más válida que otra por provenir de la industria extranjera, incluso cuando en esencia se desarrollan bajo un mismo concepto “Retro”?, ¿Es correcto llevar una tendencia cartoonish cuando es promovida por marcas como Moschino, pero es denigrante cuando lo llevan personas de clases bajas? Las respuestas a esos interrogantes se hallan en la misma colección H&Moschino, cuyo solo lanzamiento en la tienda del Parque La Colina en Bogotá reveló el rostro más nefasto, perverso y frívolo de la industria de la moda colombiana, al abrazar una colección de piezas de diseñador, mientras rechaza en diferentes escenarios de moda nacional las manifestaciones provenientes de la calle.

“Estamos ante un país de grandes incongruencias culturales. Incapaz de ver, apreciar, promover e impulsar su propia autenticidad creativa, requiriendo de forma desesperada una aprobación constante.”

Fotografía de Carlos Basto ‘Spoon’

Cuando una subcultura que surge en medio de la pobreza, la discriminación, la carencia de una educación de calidad y la ultraviolencia es capaz de adaptar a su propio contexto tendencias exportadas, su propuesta toma tanta validez que exige ser visualizada, puesto que se resiste a ser cambiada, modificada o alterada, para ser auténticamente callejera, sucia o tan disruptiva como se desee.

Pero, entonces y ya en este punto, ¿es H&Moschino realmente necesaria para la sociedad Colombiana? Definitivamente, puesto que a partir de su llegada a Colombia abrió la posibilidad de reflexionar y debatir sobre la brecha cultural existente, que países como México han sabido trabajar, abriendo poco a poco el espectro visual latinoamericano a expresiones mucho más callejeras, reconociendo, aceptando y exhibiendo con orgullo lo que realmente hace parte de la estética que se evidencia en las calles cotidianamente. De este ejercicio no solo surgen marcas como Barragán y Sánchez-Kane, sino que además se incentiva la industria emergente de diseñadores y artistas, se les proporciona una nueva visibilidad y se crean nuevas propuestas estéticas donde todos tenemos un espacio.

Fotografía de Carlos Basto ‘Spoon’
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Redacción TheFashionReporter

Portal de Internet en formato de revista, dedicado a la difusión de la moda, el arte, la cultura y el estilo de vida independiente en Colombia. #TFRMagazine

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